Pedagogía Montessori

En la educación Montessori se da una relación entre tres elementos.

  • El Niño: deseoso de conseguir su pleno desarrollo, activo, con capacidad para elegir por sí mismo, para decidir y para resolver sus problemas.
  • El Ambiente: un espacio especialmente organizado para el niño, respetándolo en su necesidad de armonía.
  • El Adulto: un observador sensible que está al servicio de las necesidades del niño, dispuesto a guiarlo hacia el desarrollo, aprendizaje y la integración de normas con ternura y firmeza.

La pedagogía Montessori se apoya en el método socrático para ayudar al niño a observar la creación:

Más importantes que las respuestas son las preguntas y éstas son llaves que abren puertas al conocimiento.

Montessori confía que el niño es capaz de apreciar el contacto con materiales nobles y creativos, y con experiencias enriquecedoras.

Los materiales Montessori tienen una conexión permanente con la realidad y en eso reside su fuerza.

“En el proceso de aprendizaje de un niño, no hay nada que reemplace la experiencia de tocar un árbol” (M. Montessori).

Es una educación para la paz que le ofrece al niño las herramientas eficaces y pacíficas para resolver sus conflictos. Le propone vivir en su entorno como parte de él, creciendo como un cuidador responsable y creativo.

 

La pedagogía Montessori es una intuición de María Montessori, primera médico italiana de comienzos del siglo XX, cuyo fundamento esencial es:

OBSERVAR AL NIÑO PARA CONOCER SUS NECESIDADES.

Esto permite facilitar el despliegue de sus potencialidades.

Sus reflexiones en torno a los dolores del hombre adulto como resultado de sus experiencias de niño, la lleva a afirmar:

“EL NIÑO ES EL PADRE DEL HOMBRE”.

Es necesario cuidarlo para que llegue a ser un adulto sano, fecundo, feliz.